La ambición del Rayo condena al Zaragoza

Teniendo en cuenta que la salvación en las últimas temporadas ronda los 45 puntos, y que, pasadas 20 jornadas, en la hucha del Zaragoza apenas había 12, los de Manolo Jiménez afrontaron la cita con la ansiedad de la necesidad perentoria y la acabaron condenados a la penuria. Como quien corre a la desesperada por el andén para intentar coger el último tren, el conjunto maño -obligado a sumar en casi todos los partidos que restan para que le salgan las cuentas- se lanzó a por el partido con coraje, pero, al final, se estrelló víctima del miedo.
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Camuñas mete al Sevilla en un lío

El Sevilla se despeña de la mano de Marcelino, un entrenador superado por las circunstancias y que da la sensación de haber perdido el norte y de tomar decisiones a la desesperada. Realmente, no sabe ya qué hacer para enderezar el rumbo de un equipo que acumula siete partidos sin conocer el triunfo y se ha alejado de su objetivo, la Liga de Campeones, para acercarse de forma peligrosa a los puestos más delicados de la clasificación. El Sevilla, hoy en día, es un grupo a la deriva, sin identidad, en el que igual juega Kanouté de titular que se tira dos meses sin hacerlo por unas presuntas molestias en la espalda. Un Sevilla mustio, sin alma, al que Marcelino jamás ha tomado el pulso desde su fichaje, el pasado verano. La destitución del asturiano cobra ahora mucha fuerza.
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Más carreras que pases

Nadie corre más que el Atlético, equipo que no negocia con el esfuerzo por más que juegue con la lengua fuera, apuesta que convence a la exigente hinchada del Calderón. Tanto es así que se aplaudieron los dos últimos cambios de Simeone -sacó del campo a Diego y Arda Turan, los finos estilistas- cuando a Manzano le supusieron el destierro definitivo. Pero el entrenador no está en duda y tampoco su propuesta, ya bautizada como el cholismo, basada en la entrega sin peros ni remilgos, en el pragmatismo puro, ese que dice que cuando no se puede jugar, más vale correr. Eso ocurrió ante el Valencia, equipo ni fu ni fa este año, al que le cuesta coger el hilo a la Liga porque siempre tiene un decisivo duelo copero a la vuelta de la esquina, pero que aguantó el tipo, bravo y granítico. Así, al Atlético no le alcanzó con la voluntad, las carreras no fueron pases y la entrega, por descontado, no se convirtió en gol.

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La ambición del Rayo condena al Zaragoza

Teniendo en cuenta que la salvación en las últimas temporadas ronda los 45 puntos, y que, pasadas 20 jornadas, en la hucha del Zaragoza apenas había 12, los de Manolo Jiménez afrontaron la cita con la ansiedad de la necesidad perentoria. Como quién corre a la desesperada por el andén para intentar coger el último tren, el conjunto maño ?obligado a sumar, a ser posible de tres en tres, en casi todos los partidos que le restan para que le salgan las cuentas? se lanzó a por el partido con coraje pero se estrelló victima del miedo.
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Mata y De Gea, en la gloria

Primero Mata reventó a De Gea en una espectacular volea que abría un boquete a favor del Chelsea. Después reaccionó el Manchester, remontó un 3-0 en Stamford Bridge y, ya en el descuento, volvieron a rencontrarse Mata y De Gea. La falta del asturiano en el minuto 91 iba a la escuadra izquierda de madrileño, que voló varios metros hasta desviar el balón con las yemas de los dedos. Azotado hasta ese momento por la mala suerte, tras haber encajado dos goles de rechazos de sus defensas, a De Gea le dio un subidón en ese tramo final. Y salvó un tirazo de Cahill justo antes de acabar una segunda parte trepidante, con un United indómito y resucitado, a través de dos penaltis transformados por Rooney y un cabezazo de Chicharito al magnífico centro del eterno Giggs. El Manchester nunca muere, aunque se quede a dos puntos por detrás del City. Y el Chelsea sigue sin patrón de juego, muy dependiente de un Mata cada día más importante, siempre ayudando a sus compañeros desde la media punta, muy agradecido a Torres en el centro que le permitió descerrajar a De Gea. Abandonando el campo juntos, Mata y De Gea, sabiéndose los protagonistas del duelo, convencidos de que sin ellos todo habría sido distinto. La sonrisa grabada por fin en la cara del atormentado De Gea.

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“Ganamos y perdemos todos”

Consciente de que las luces le apuntarían, con la autoridad moral que le confería un gol que vale tres puntos, Sergio Ramos salió a escena para recordar que en el fútbol el éxito nunca se puede atribuir a nadie en particular. “El mérito es del colectivo”, señaló, cuando le adjudicaron el papel de héroe de la noche. Con el lenguaje críptico que caracteriza estas apariciones públicas, el segundo capitán del Madrid habló en nombre de una plantilla cada vez más incómoda con el excesivo protagonismo que había adquirido su entrenador, José Mourinho, que además últimamente se había mostrado crítico con los futbolistas, sobre todo los españoles, que cometían errores puntuales. Ramos aprovechó su gol para quitarse importancia y lanzar un mensaje de unidad.
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Nuevo técnico, mismo Sporting

El primer domingo después de Preciado fue como tantos otros. Un Sporting voluntarioso, pero limitado y atenazado por la responsabilidad, dio otro paso atrás cuando la gente esperaba algún síntoma de cambio con el cambio de inquilino en el banquillo, ocupado ahora por Iñaki Tejada. El equipo gijonés estuvo a punto de conseguir los tres puntos, que no es poco a la vista de la clasificación, pero un cabezazo de Lekic impidió echar mano de esos tópicos que hablan de las bondades del cambio de entrenador.

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Fútbol trepidante en San Mamés

Nada más emocionante, más emotivo y más cardiaco que comenzar un partido cada cuarto de hora, que sentir a cada rato la emoción y la decepción del gol, porque cae en cada nido alternativamente sin que nadie pueda gobernar el éxito y sin que nadie se hunda en el fracaso. Un clásico de San Mamés entre dos equipos muy de San Mamés, cortados por el mismo patrón ideológico y de juego (Bielsa y Pochettino leen el mismo libro, aunque el primero lo empezara antes), con el mismo ánimo y la misma ambición. Con los mismos errores, -el juego aéreo en el Espanyol, el desorden defensivo en el Athletic- y con los mismos aciertos, el trato del balón, la fe, la combinación.

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