El antídoto Luis García
Decidieron hacer pellas para ir a ver a su equipo. El pasado martes, cuatro chavales barbilampiños abandonaron el calor de las aulas, desafiaron la escarcha y se presentaron en el entrenamiento del Getafe con dos propósitos fundamentales: fotografiarse con su ídolo, Güiza, y exhibir una banderola con el lema Eurogeta. “Al Madrid se le puede ganar igual que hicimos con el Barça”, espetaron a Luis García, al concluir la sesión, resumiendo el sentir del propio entrenador y de una afición que, tras un tiempo cabizbaja, ha recuperado la ilusión por su equipo. No les faltan motivos.

El jeque tira del talonario
Cuando el Málaga encajó una de sus últimas goleadas en la Liga, Abdullah bin Nasser al Thani, el sonriente jeque catarí propietario del club andaluz desde el pasado verano, torció el gesto. Así, enfadado por el rendimiento de un conjunto, el suyo, en puestos de descenso, tiró del talonario para incorporar de una tacada en el mercado de invierno a Maresca, ex del Sevilla; Demichelis, del Bayern; Camacho y Asenjo, del Atlético, y, a falta de la rúbrica, Baptista, ex del Madrid y el Sevilla.
ELPAIS.com – Fútbol
La cruz de Messi
Vertiginoso con la pelota en movimiento, un búfalo desbocado cuando divisa metros por delante, a Leo Messi se le estrecha la portería en el instante que coge el cuero y lo deposita en el punto de penalti. Desde que Ronaldinho hiciera las maletas rumbo a Milan, hace cuatro cursos, la autoridad de La Pulga para ejecutar los lanzamientos de 11 metros ha sido indiscutible. Tan solo Eto’o vulneró la jerarquía del argentino, pero sus fallos le hicieron retirarse a un lado. Apeado el camerunés desde hace tres años, la soberanía de Messi es incuestionable. Sin embargo, sus cifras desde los 11 metros no se corresponden con el mando que tiene sobre la esfera. De las 27 penas máximas que ha disparado el delantero desde que accediera al primer equipo del Barça, en 2005, solo ha transformado 20. Es decir, La Pulga ha errado siete, un 26%.

Guardiola: “Mejor el empate que una victoria”
Pasado el cuarto de hora, la polémica apareció en Mestalla porque Pinto cortó un avance de Soldado con una mano fuera del área. El estadio clamó contra el árbitro y el asistente de banda, que obviaron la acción antirreglamentaria del portero azulgrana, que le habría acarreado la expulsión. “Me han dicho que fue mano fuera del área. Habernos quedado con 10 jugadores nos habría condicionado”, reconoció Pep Guardiola sobre la jugada que enardeció a los valencianistas justamente un día después de que Sandro Rosell anunciara que no pintaban bien los arbitrajes para el club que preside. “La jugada pudo hacer que el partido fuera diferente con la expulsión de Pinto”, advirtió, a su vez, Unai Emery, consciente de que para vencer al Barcelona hay que sumar demasiados detalles. “Que Rosell se siga quejando de los árbitros, que le va bien”, añadió Soldado.

La gonalgia mágica de Llorente
Si cuando Estados Unidos se resfría, se dice, Europa estornuda, cuando Fernando Llorente hace una mueca de dolor, el Athletic se estremece. Por eso, cuando el delantero internacional desapareció de las alineaciones por culpa de una gonalgia (un problema en la articulación de la rodilla), San Mamés resucitó los viejos fantasmas de la dependencia del goleador, de la falta de referencias en el ataque y del escaso fondo de armario de artilleros en el vestuario.
ELPAIS.com – Fútbol
Diego Alves para más penaltis que centros
En el caso de Diego Alves (Río de Janeiro, 1985), las apariencias engañan. Por la agilidad con la que se mueve bajo palos, no parece tan alto (mide 1,88 metros) ni tan fuerte. Pero lo es. Tiene, además, unas manos enormes, según comentan sus compañeros. Eso y la sangre fría para esperar hasta el último momento, han convertido al portero del Valencia en un experto en detener penaltis: 11 de los 18 que le han tirado desde que está en España. El último, anoche en Mestalla ante Messi. Alves se movió antes del tiro y se estiró a su izquierda, desviando un disparo a media altura, dejando abierta la eliminatoria (1-1) para la vuelta de la semifinal de la Copa del Rey el próximo miércoles en el Camp Nou. No fue su única parada. En la primera parte, ya le había sacado a Alexis un remate raso junto al poste izquierdo.

Sin finura, Puyol saca el látigo
A falta de finura, el Barcelona recuperó el camino a través del espíritu indomable de Puyol. El capitán marcó de un cabezazo, como en la eliminatoria anterior en el Bernabéu, ante el Madrid, para acabar con la zozobra azulgrana en Mestalla. Después de que el Valencia, según el plan previsto por Unai Emery, impusiera la velocidad de su banda izquierda. El Barça ha perdido la magia hasta en el tiro de penalti de Messi, desviado esta vez por Diego Alves, pero mantiene la personalidad de su capitán para sufrir ante un rival tan intenso como el de Emery. A este se le puede reprochar poco. Si acaso, el peso insuficiente de Banega en la construcción del juego en el centro del campo.

No es el juego, son los futbolistas
Al Valencia, equipo profundo por definición, especialista en atacar el espacio, le alcanza con una jugada y un futbolista para doblegar en cada partido al Barcelona. Habilitado por Jordi Alba, Mathieu le pilla la espalda al lateral y deja el balón a punto para la llegada del volante, que resuelve sin dudar ante meta del Barça. Igual da que se ponga Pinto que Valdés o que juegue Alves o Puyol. No se aplican los azulgrana, siempre respetuosos con Mathieu, ayer abatidos por Jonas. Así ha sido desde siempre, también en los mejores tiempos del equipo de Guardiola, que no son precisamente los de ahora.
ELPAIS.com – Fútbol



